jueves, 21 de abril de 2011

Epílogo

Se acabó, hemos alcanzado el inevitable cambio de 'prefijo' y la aventura, por tanto, ha llegado a su fin. La treintena acaba de cruzar la puerta y de momento no parece tan dura como se prejuzgaba: siguen pasando los días y la música no parará de sonar, afortunadamente. Lo que sí se termina es esta bonita travesía, que durante varios meses ha desempolvado el baúl de los recuerdos, al menos los sonoros.

Dejamos para la posteridad esta lista, la que se supone que resume mis primeras tres décadas de vida.  Quizás sea demasiado personal, no muy variada y seguro que faltan muchísimos clásicos. Es normal, jamás ha tenido vocación de universalidad, sino que simplemente ha tratado de ponerle una música de fondo a mi propia intrahistoria.

Quedan ya lejos las pequeñas dificultades, como la pereza típica de este tipo de proyectos, las trabas de google con los enlaces de descarga directa y, sobre todo, las dudas con los discos elegidos. Se han quedado fuera grupos que merecerían estar aquí, como Mercury Rev, Muse, My Bloody Valentine, Los Planetas, Sonic Youth y un largo etcétera...

Pero no cabían todos... Así que tras año y medio llegamos al final de este apasionante camino con la lista definitiva de mis 30 discos, de la banda sonora de vida. Ha sido un auténtico placer, de verdad.

01. Radiohead - OK Computer (1997)

No hay sorpesa que valga, esta cuenta atrás se termina sin sobresaltos, de la única forma posible, culminada por el mejor disco de la mejor banda. 

Hay discos que son mucho más que simple música, que tienen la virtud de capturar el 'zeitgeist' de una generación. OK Computer es precisamente eso, el relato del fin de milenio, una reflexión acerca de una sociedad adormecida y cada vez más deshumanizada, casi nihilista, demasiado dependiente de las tecnologías y poco consciente de su lugar. Radiohead fue, sin duda, la banda que mejor interpretó ese momento y la que lo plasmó de una manera más brillante. Los apóstoles que nos advertían del apocalipsis posmoderno.

Aparte de la temática, el sonido del disco sirvió de inspiración a cientos de bandas que intentaron, en vano, imitarlo. Nigel Godrich firma una extraordinaria producción y ayuda a los de Oxford a inventarse un rock futurista, plagado de sintetizadores, teclados imposibles, guitarras ásperas y atmósferas agobiantes. Y como colofón, la voz agónica de Thom Yorke, fundiéndose con unas melodías irrepetibles, como si fuera un instrumento más, dibujando falsetes y alargando versos. OK Computer es rock con turbulencias, existencialismo envasado al vacío, miedo a un futuro incierto, la fusión perfecta de continente y contenido... es una banda sobresaliente interpretando canciones más sobresalientes todavía.  

Paradójicamente, el peor tema del disco, esa letanía llamada Fitter Happier es el que mejor resume el espíritu de OK Computer y a su vez lo divide, quizás sin quererlo y a grandes rasgos, en 2 mitades. La primera con sus clásicos más atemporales, la segunda más ambiental, descontando No Surprises. Dicho de otro modo, a la izquierda Paranoid Android (para muchos la Bohemian Rapsody de final de siglo), la enfermizamente pegadiza Karma Police o Let Down, uno de sus mejores temas, que es mucho decir. Y a la derecha Climbing Up the Walls, Lucky y The Tourist, trascendentes, bellas, etéreas.

Con este disco el mundo entero se rindió a sus pies. La mezcla perfecta de calidad, innovación, compromiso y éxito comercial. Fue su entrada en el olimpo de las grandes bandas de la historia, de donde nadie los podrá bajar jamás.

For a minute there, I lost myself, I lost myself





Radiohead – OK Computer

miércoles, 30 de marzo de 2011

02. Smashing Pumpkins - Siamese Dream (1993)

No podía ser de otro modo, la ciudad del viento acogió el nacimiento de ese ciclón sonoro en que se convirtieron Smashing Pumpkins, una de esas grandes bandas que nos regalaron los comienzos de los 90'.

Siamese Dream, su  segundo disco y el más 'redondo' de todos cuantos han publicado, nació de una crisis personal y compositiva de Billy Corgan.  Como tantas veces, muchos artistas dan a luz sus mejores obras en sus momentos más críticos. Y así hizo Corgan, personaje narcisista donde los haya, que realizó su disco con las letras más autobiográficas e hirientes que ha escrito jamás y grabando él mismo todos los instrumentos de esta obra (salvo las baterías). Vamos, el tipo de situación límite que desencadena en una obra maestra o la ruptura definitiva de una banda. Por suerte, fue la primera.

Resultan curiosas influencias de las que beben. Por un lado, los grandes dinosaurios del rock setentero y sus riffs; y por el otro la distorsión de My Bloody Valentine, creadores del sonido shoegazer y que años después fueron reivindicados como banda de culto. Se puede considerar, por tanto, que Siamese Dream es un monumento a las seis cuerdas, un tratado sobre ese maravilloso instrumento que son las guitarras. Butch Vig, productor también de Nirvana, logra que la mezcla final no se pierda en excesos y alcance un sonido ambicioso, grande, clásico, poniendo orden y dando homogeneidad al puzzle creativo de Corgan

Porque desde la escalada guitarrera de ritmo marcial de Cherub Rock que da el pistoletazo de salida hasta el cierre con la delicada Luna, el disco explora todos los registros: el pop con poso turbio (Today), el rock más bruto a base de trallazos y baterías que desafían a las leyes físicas (Geek USA), los solos de guitarra imposibles (Soma) o las baladas que cortan la respiración (Disarm). Y sobre todo, temas con el sello pumpkin, es decir, que pasan del susurro al fogonazo y vuelven a diluirse al final, como si de una montaña rusa se tratara.

Así es la obra cumbre de un grupo especial, el disco donde la lírica más descarnada y el rock más virulento se abrazan y nos crean, una vez más, nostalgia de aquellos maravillosos años.

Who wants honey as long as there's some money


jueves, 10 de marzo de 2011

03. David Bowie - The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972)

Estamos ante una de las cimas de la música pop y quizá la obra cumbre de un artista que se ha reinventado tantas veces que uno ya ha perdido la cuenta. Ziggy Stardust (mejor abreviar el nombre) es un clásico, un disco histórico y, sin duda, la obra más representativa del Duque Blanco.

Se enmarca en la etapa de glam-rock del propio Bowie, quizás sus años más inspirados y de mayor creatividad. No vale la pena citar discos, todos los que comprenden el período 1969-1974 son absolutamente brillantes e irrepetibles. Aunque bien es cierto que si dejamos de lado las etiquetas y nos da por simplificar, lo lo que hace Bowie durante esos años es pop-rock de muchos kilates, del de toda la vida, pero adornado (si es que se puede usar esa expresión) por una estética que ha envejecido realmente mal y un afán provocador que hoy en día parece superado. Afortunadamente, a las canciones les pasa justo lo contrario y han sobrepasado holgadamente al contexto de su época.

Era también una época prolífica para los discos conceptuales, es decir, aquellos que cuentan una historia y donde sus canciones actúan como capítulos de la misma. Éste en concreto narra cómo un extraterrestre sexualmente ambiguo llega a Londres con su banda de rock para dar un mensaje apocalíptico, es considerado un nuevo mesías y, lógicamente, el éxito se le acaba subiendo a la cabeza hasta el punto de ser asesinado por sus propios fans. Sin duda es una historia curiosa, aparentemente ridícula, pero que ha dado lugar a múltiples interpretaciones y debates.

Aunque la fábula en sí misma no significa casi nada si no va plasmada en 11 temas sublimes, perfectos.  Canciones pop de estribillos imborrables, sintetizadores futuristas, guitarras fantásticas a cargo de Mick Ronson, algún piano furtivo, anticipos del punk venidero e interpretaciones brillantes y llenas de fuerza. Y sobre todo, temazos para parar un tren, desde Five Years hasta Rock'n Roll Suicide (qué mejor forma de cerrar un disco), pasando por la adictiva Starman, todas las canciones tienen ese gancho, ese 'duende'. Realmente nos da la impresión de estar escuchando un greatest hits. Esa es la verdadera clave, lo que hace inolvidable esta obra y no la purpurina, los maquillajes o los cuentos sobre alienígenas salvadores.

Como cierre dejamos un consejo. Es imprescindible acompañar esta obra con el dvd del último concierto de la gira de este disco, cuando Bowie entierra definitivamente a las arañas de marte. Cuando empieza la leyenda.

Yes, he was alright, the song went on forever