No podía ser de otro modo, la ciudad del viento acogió el nacimiento de ese ciclón sonoro en que se convirtieron Smashing Pumpkins, una de esas grandes bandas que nos regalaron los comienzos de los 90'.
Siamese Dream, su segundo disco y el más 'redondo' de todos cuantos han publicado, nació de una crisis personal y compositiva de Billy Corgan. Como tantas veces, muchos artistas dan a luz sus mejores obras en sus momentos más críticos. Y así hizo Corgan, personaje narcisista donde los haya, que realizó su disco con las letras más autobiográficas e hirientes que ha escrito jamás y grabando él mismo todos los instrumentos de esta obra (salvo las baterías). Vamos, el tipo de situación límite que desencadena en una obra maestra o la ruptura definitiva de una banda. Por suerte, fue la primera.
Resultan curiosas influencias de las que beben. Por un lado, los grandes dinosaurios del rock setentero y sus riffs; y por el otro la distorsión de My Bloody Valentine, creadores del sonido shoegazer y que años después fueron reivindicados como banda de culto. Se puede considerar, por tanto, que Siamese Dream es un monumento a las seis cuerdas, un tratado sobre ese maravilloso instrumento que son las guitarras. Butch Vig, productor también de Nirvana, logra que la mezcla final no se pierda en excesos y alcance un sonido ambicioso, grande, clásico, poniendo orden y dando homogeneidad al puzzle creativo de Corgan
Porque desde la escalada guitarrera de ritmo marcial de Cherub Rock que da el pistoletazo de salida hasta el cierre con la delicada Luna, el disco explora todos los registros: el pop con poso turbio (Today), el rock más bruto a base de trallazos y baterías que desafían a las leyes físicas (Geek USA), los solos de guitarra imposibles (Soma) o las baladas que cortan la respiración (Disarm). Y sobre todo, temas con el sello pumpkin, es decir, que pasan del susurro al fogonazo y vuelven a diluirse al final, como si de una montaña rusa se tratara.
Así es la obra cumbre de un grupo especial, el disco donde la lírica más descarnada y el rock más virulento se abrazan y nos crean, una vez más, nostalgia de aquellos maravillosos años.
Who wants honey as long as there's some money

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