jueves, 10 de marzo de 2011

03. David Bowie - The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972)

Estamos ante una de las cimas de la música pop y quizá la obra cumbre de un artista que se ha reinventado tantas veces que uno ya ha perdido la cuenta. Ziggy Stardust (mejor abreviar el nombre) es un clásico, un disco histórico y, sin duda, la obra más representativa del Duque Blanco.

Se enmarca en la etapa de glam-rock del propio Bowie, quizás sus años más inspirados y de mayor creatividad. No vale la pena citar discos, todos los que comprenden el período 1969-1974 son absolutamente brillantes e irrepetibles. Aunque bien es cierto que si dejamos de lado las etiquetas y nos da por simplificar, lo lo que hace Bowie durante esos años es pop-rock de muchos kilates, del de toda la vida, pero adornado (si es que se puede usar esa expresión) por una estética que ha envejecido realmente mal y un afán provocador que hoy en día parece superado. Afortunadamente, a las canciones les pasa justo lo contrario y han sobrepasado holgadamente al contexto de su época.

Era también una época prolífica para los discos conceptuales, es decir, aquellos que cuentan una historia y donde sus canciones actúan como capítulos de la misma. Éste en concreto narra cómo un extraterrestre sexualmente ambiguo llega a Londres con su banda de rock para dar un mensaje apocalíptico, es considerado un nuevo mesías y, lógicamente, el éxito se le acaba subiendo a la cabeza hasta el punto de ser asesinado por sus propios fans. Sin duda es una historia curiosa, aparentemente ridícula, pero que ha dado lugar a múltiples interpretaciones y debates.

Aunque la fábula en sí misma no significa casi nada si no va plasmada en 11 temas sublimes, perfectos.  Canciones pop de estribillos imborrables, sintetizadores futuristas, guitarras fantásticas a cargo de Mick Ronson, algún piano furtivo, anticipos del punk venidero e interpretaciones brillantes y llenas de fuerza. Y sobre todo, temazos para parar un tren, desde Five Years hasta Rock'n Roll Suicide (qué mejor forma de cerrar un disco), pasando por la adictiva Starman, todas las canciones tienen ese gancho, ese 'duende'. Realmente nos da la impresión de estar escuchando un greatest hits. Esa es la verdadera clave, lo que hace inolvidable esta obra y no la purpurina, los maquillajes o los cuentos sobre alienígenas salvadores.

Como cierre dejamos un consejo. Es imprescindible acompañar esta obra con el dvd del último concierto de la gira de este disco, cuando Bowie entierra definitivamente a las arañas de marte. Cuando empieza la leyenda.

Yes, he was alright, the song went on forever  


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